miércoles, 3 de septiembre de 2008

56 Te quieros.

Enma y Luis yacían mezclados sobre la cama otro viernes más, -como todos los de los dos últimos años-, mirando a través de la ventana el espectáculo de una majestuosa luna que la noche les regalaba. No hablaban, nunca hablaban, temían que sus voces interrumpieran el encanto de esos mágicos momentos de después de la batalla de cuerpos y esencias.
Siempre quedaban a la misma hora, cenaban, reían, bailaban y acababan silentes y exhaustos a altas horas de la madrugada.
Esa noche la luna tenía un halo enigmático, estaba preciosa, blanca, radiante, enorme, baja, parecía que si alzasen los brazos al firmamento, serían capaces de alcanzarla con los dedos.
El calor de ese último viernes de primavera era el anuncio de un verano bochornoso.
Ambos miraban hacia el cielo, eran una sola piel y un solo latir, recuperaban poco a poco el ritmo cardiaco y su batir era lo único que escuchaban en el silencio.
De pronto Luis lo rompió:
- "Enma, el viernes que viene no nos vamos a ver".
- "¿Te vas de viaje?. - preguntó Enma.
- "Sí, me voy de viaje, a un largo viaje que todos tenemos pendiente". - contestó Luis sin mirarla a los ojos.
-"¿ Cómo?, ¿qué me quieres decir?, no te entiendo".- se agolparon las preguntas en los labios de Enma.
- "Enma, que ya ha llegado el día".
- "Pero Luis, ¿el día de qué?, ¿por qué?..
- " Cielo, te conocí hace más de dos años en el hospital, cuando me diagnosticaron esclerosis, has sido el motor de mi vida todo este tiempo, pero me está venciendo la enfermedad. Llevo muchos meses planeando lo que debía hacer en el momento en el que empezaran los brotes fuertes"- le dijo Luis apretándola contra él.- "Ha llegado el momento de alejarme de tu lado, no quiero que pases lo que me espera conmigo".
- "Yo quiero estar a tu lado, no me puedes negar el derecho a estar contigo hasta el último minuto que pueda estar".
- "No, no, no... quiero que te quedes con todos estos buenos momentos que hemos estado juntos".
Enma se metió en su pecho, suspiró y durante unos minutos pensó en como poder convencerle de que ella le amaba y quería estar a su lado hasta el final.
- "Luis, te puedo atender, puedo dejar mi trabajo y dedicarme exclusivamente a ti...".
- "No, está decidido". -añadió él cortando sus palabras.- "además, no te dejaré nunca, cada noche entraré por tu ventana, me verás en esa luna que ahora nos ilumina con fuerza, quiero que me recuerdes como hasta ahora, con una sonrisa, con lo mejor de mi".
- "Luis, por favor, déjame...."
- "Enma, no me lo hagas más difícil"
- " ¿ Luis, me estás diciendo que hoy es la última noche que estaré contigo?. - preguntó Enma con los ojos llenos de agua.
Luis, incapaz de decirle que así era, la agarró con fuerza y levantó los ojos a la luna para contemplarla. El reflejo de sus rostros en el cristal de la ventana, se superponía en esa esfera tan nívea y grande, parecía que se dibujaba sus caras en su interior.
Volvió el silencio a albergarlos, Enma suspiraba de vez en cuando y ahogaba sus lágrimas con un nudo en la garganta que la estaba asfixiando, cogió a Luis por las manos y comenzó a besarlo, quería hasta su último beso, sin parar de pensar que con el amanecer se le iría su vida. Los minutos le parecían segundos y las horas minutos, el tiempo estaba jugando en su contra, su peor enemigo.
Al amanecer Luis seguía recorriendo cada milímetro de su piel, aprendiendo cada centímetro y disfrutando del hermoso paisaje de su cuerpo con las luces del alba, no había podido conciliar el sueño y no quería perder ni un solo segundo de la belleza de su amada. Cada lunar, cada arruga, cada mechón....a ella.
Sigilósamente se levantó de la cama, comentó a vestirse y a preparar su partida, miró las paredes, las fotos, los cuadros, la cama, esa habitación que le había hecho tan feliz tantas y tantas noches y a la que no iba a volver jamás. Sonrió recordando las complicidades que escondía ese cuarto: sin fallar, todos los viernes los había albergado después de una noche de cena, baile y risas, les había dado calor y cobijo . Le había dado paz y le había hecho olvidar que tenía una duelo pendiente y que antes o después el guante de la vida le retaría.
Antes de salir, se acercó a Enma cuidadosamente, se agachó sobre ella y le susurró al oído:
-"Te amo tanto, tanto, tanto...."- La besó y durante unos segundos dudó el hecho de dejarle una nota de despedida, pero le daba miedo que se despertara e hiciera más difícil su partida.
Salió de casa de Enma apenas sin hacer ruido, cerró la puerta con cautela y en cada escalón repetía:
- "te quiero"
- "te quiero"
56 Escalones eran los que había desde la casa de Enma a la calle, los contaba siempre que se iba de su casa, maldiciendo que les hubiera sorprendido tan pronto otra mañana, le dedicó 56 te quieros.
Ella se despertó con un escalofrío recorriéndole la espalda, estaba helada, había perdido el calor de Luis, no lo sentía, saltó de la cama y empezo a buscarlo por cada rincón de la casa:
- "Luis, ¿dónde estás?, Luiss, Luissss...¿estás en la cocina??..."- no obtenía respuesta y su temor a que ya se hubiera ido iba creciendo.
- "Luis no jugues al escondite, por favor, ¿dónde estás?.. Luis..."- su tono de voz cada vez era más débil, hacía recorrido todo y confirmado que no estaba en la casa.
Solo se veían un día a la semana, pero le satisfacía, le llenaba plenamente el amor que le entregaba ritualmente viernes tras viernes.
Sus días comenzaron a ser noches y sus noches días, esperaba día tras día el ocaso para abrazarse cálidamente con los rayos de la luna que innundaban su habitación. Se sentaba en el sillón frente a la ventana y la observaba durante horas, con la esperanza de encontrar el rostro de Luis sonriéndole.
Le consolaba la idea que muy lejos él estaría haciendo lo mismo, en ese instante, estuviera donde estuviera, sus ojos mirarían al cielo regalándole su amor.
Durante más de cuatro meses, Enma estuvo noche tras noche sentada disfrutando del único vínculo que tenía con él, la luna, soñaba, le hablaba, despertaba y lloraba.
Luis no le cogía el teléfono, no le contestaba las cartas, era un bálsamo para ella el poder enviarle misivas, con tan pura mensajera.
El 16 de Octubre, Enma lo primero que vio al coger el periódico, fue un enorme titular: "Hoy eclipse de luna". Empezó a ponerse nerviosa, tenía un mal presagio, esa noche no sería posible su diálogo con la luna y su búsqueda de la sonrisa de Luis como cada noche.
Pasó el día mal, intranquila, no era como otros días, no estaba deseando la llegada de la noche, en su cuerpo sonaban las alarmas de que algo iría mal.
A las doce en punto se arrellanó en su sillón, arropada con una manta, estaba destemplada, se sentía enferma, la noche estaba cerrada, oscura, no era capaz ni de encontrar el halo blanco de la luna, su sangre estaba helada, sus músculos tensos y su corazón palpitaba muy rápido, sintió una extraña ansiedad que no había tenido nunca, esperó horas y horas hasta que se quedó dormida.
Se despertó acelerada por el sonido del teléfono, corrió para ver si era Luis quien le llamaba:
- "¿Sí, dígame?.
- "Hola, ¿eres Enma?".
- "Sí, soy yo, ¿quién es?".
- "Enma, soy el hermano de Luis, Salva, siento conocerte en estas circunstancias."
- "¿Circunstancias?, ¿Pasa algo?- preguntó Enma con las manos temblorosas y un pequeño hilo de voz.
- "Sí, sí ha pasado algo, anoche Luis decidió poner fin a su vida".
- " ¿Cómo, qué dices?"
- "Enma, no quería seguir adelante con su vida, no se veía con fuerzas de enfrentarse a su enfermedad, estaba horrorizado con la idea de ser un vegetal, el estar contigo le ayudó muchísimo, pero sin verte y sin esperanzas de mejorar sino de todo lo contrario, ha optado por quitarse de en medio".
El teléfono se le cayó de las manos a Enma, un sudor frío empezó a recorrerle todo el cuerpo y no terminaba de creerse lo que le estaba diciendo Salva, volvió a retomar el auricular y oyó al otro lado que le decían:
-"..... será mañana".
- "Perdona, dime".
- "Enma, por lo visto te quería mucho, ha dejado un sobre para ti, espero verte mañana para dártela".
Pero ella no pudo reprimir el impulso de acelerar la cita para recoger algo que llevaba tanto tiempo esperando de su amado.
-"Salva, ¿ podría acercarme ahora a donde dijeras y me lo entregas?".
Salva carraspeó y tardó unos segundos en contestar.
-"Bueno, vale, en una hora nos vemos en la esquina del parque con la calle Antonio Machado, hasta ahora".
-"Gracias, ahora nos vemos". - se despidió Enma.
Al colgar el teléfono se le agolparon los pensamientos, no podía creer lo que acababa de oír, pero también sabía que Luis no tenía asumida su enfermedad y no quería enfrentarse a ella.
Se duchó, se vistió con celeridad y condujo hasta la esquina donde habían quedado, llegó con tiempo de sobra y optó por tomarse un café en un bar cercano al lugar de la cita, estaba muy nerviosa, no sabía lo que Luis le diría en esa carta y porqué el motivo del silencio de todos esos meses, porqué se fue aquella mañana sin despedirse, esperaba encontrar las respuestas a todas las preguntas que noche tras noche le había estado haciendo a la luna.
Puntual, a las 12.30, un coche aparcó en la esquina pactada, Enma no había visto nunca a Salva, pero conforme se acercaba al coche, le dio un vuelco el corazón : los ojos y la sonrisa eran de Luis, nadie podía decir que no eran hermanos.
Dentro de la gravedad del motivo por el que se iban a conocer, Enma forzó una sonrisa al saludarle.
- "Buenos días, ¿Eres Salva?".
- "Sí, soy yo, buenos días, Enma"- dijo intentando devolverle la sonrisa.
-" Siento mucho la muerte de tu hermano"
-" Gracias, sé que también es un duro golpe para ti".-Salva era esquivo con ella y un par de veces miró su reloj en los pocos segundos que llevaban hablando.- "Enma, tengo que irme, aquí tienes el sobre, ha sido un placer conocerle"- aceleradamente le estrechó la mano y le entregó la carta.
- "De acuerdo, lo mismo digo"- contestó Enma apretando su mano y extrañada por la brevedad de la cita, quería haberle hecho muchas preguntas sobre sus últimos meses, dónde había estado, qué había hecho, pero acusó el apremio a que estaba afectado por todo lo que estaba pasando y que sería mejor post poner para otro momento las cuestiones.
Salva no había parado el motor, así que acto seguido giró el volante y desapareció delante de los ojos atónitos de Enma.
Bajó su mirada al sobre que tenía entre las manos y decidió no pensar más en la actitud de Salva, en el extraño comportamiento que había sido con ella. Empezó a abrirlo muy despacio, mientras avanzaba hacia su coche, al llegar a él, metió la carta en su bolso creyendo que era mejor leerla en su casa, en su sillón, en ese espacio donde tanto le había soñado.
El regreso a casa lo hizo tan rápido como su salida, nerviosa por leer el contenido de la misiva. En un semáforo, mientras echaba un vistazo al borde que sobresalía del bolso, estuvo tentada a aparcar en cualquier sitio para terminar con sus dudas, pero los conductores que iban tras ella, ignorantes de los pensamientos de Enma, no perdonaron ni un segundo de retraso en cuanto las señales luminosas se ponian en verde y la despertaban a la realidad con unos toques de claxon. Miró por el espejo retrovisor dándose cuenta de que había formado una fila de autos detrás de ella y rápidamente metió el embrague, puso primera y agachó la cabeza a modo de disculpa.
No volvió a parar hasta aparcar el coche en el garaje, subió los escalones hasta su casa de dos en dos, dejó el bolso y la chaqueta encima de la primera silla que encontró y fue su dormitorio para reunirse con Luis en modo de líneas y letras.